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Primero te cuenta

Otra versión de caperucita ....

Otra versión  de caperucita ....

No saben lo atrapante que fue para los chicos escuchar esta versión del cuento.

Claro...

En este caso, el pobrecito era el lobo!!!!

 

 

Acá se la contamos:

El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho.

Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio.

Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos excursionistas,

sentí pasos.

Me escondí detrás de un árbol y vi venir a una niña vestida en forma muy divertida:

todo de rojo y su cabeza cubierta,

como si no quisiera que la vieran.

Andaba feliz y comenzó a cortar flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que

estas flores no le pertenecían.

Naturalmente, me puse a investigar.

Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando que iba a

casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque,

cortando flores.

De repente, sin ningún remordimiento, mató a un zancudo que volaba libremente, pues también el bosque era para él.

Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes

y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita.

Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo con que

su nieta merecía una lección.

La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña, la invité a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado, vestido con la ropa de la abuelita.

La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas.

He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor.

Ahora, bien, me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones.

Ustedes comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña tenía bonita apariencia, pero empezaba a serme antipática.

Sin embargo, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor.

Pero su siguiente insulto sí me encolerizó.

Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Sé que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura

y diciéndola que eran así grandes para comerla mejor. Ahora, piensen ustedes: ningún lobo puede comerse una niña.

Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña comenzó a correr por toda la habitación gritando y yo corría detrás de ella tratando de calmarla.

Como tenía puesta la ropa del abuelita y me molestaba para correr, me la quité, pero fue mucho peor.

La niña gritó aún más.

De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada.

 Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé.

Me gustaría decirles que éste es el final de la historia, pero desgraciadamente no es así.

La abuelita contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso.

Todo el mundo comenzó a evitarme.

No sé qué le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero sí les puedo decir que yo nunca pude contar mi historia.

Ahora ustedes ya lo saben.

                                                                                                                                                                                   El lobo

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1 comentario

victoria -

Y...sí.Es cierto. Siempre hay que escuchar las dos campanas. Todo depende del cristal con que se mire.
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